Cultura

Las encajeras


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Artesanía y creatividad

El origen del encaje de bolillos procede del norte de Italia, y sus inicios en Cataluña se sitúan en el siglo XVII. Era un trabajo remunerado que las mujeres desarrollaban en casa o, si el tiempo acompañaba, en la calle. Los encajes se integraban, como elemento muy valioso, en la ropa de cama y del hogar, los pañuelos y algunas prendas de vestir: desde las mantillas hasta los puños o las faldas. Los instrumentos y materiales necesarios para realizar el encaje no han cambiado desde su origen: la almohadilla (o mundillo), los bolillos, las agujas, el hilo, los patrones y las tijeras.

Malgrat de Mar ha sido reconocida por la calidad de sus puntas. Martí Casas i Rabiol, malgratense mayorista textil especializado en encajes e impulsor de esta artesanía en nuestro pueblo, fue premiado por el rey Alfonso XIII en 1906 con motivo del Concurso de Encajes y Blondas celebrado en Arenys de Munt.

Durante el siglo XIX y parte del XX, la llegada del encaje industrial, mucho más económico, y el abandono del uso del encaje en la vestimenta provocaron el declive del encaje hecho a mano. Durante la Guerra Civil, el encaje de bolillos era símbolo de riqueza y ello le permitió iniciar otro período de esplendor. Sin embargo, no fue hasta finales del siglo XX cuando se produjo verdaderamente el resurgimiento del encaje. Las nuevas encajeras ya no trabajan por necesidad sino por afición, impulsan nuevos estilos y experimentan con nuevos materiales, lo que permite que se consigan piezas de gran originalidad con un inmejorable espíritu creativo.

Alrededor de 1980 el Ayuntamiento de Malgrat de Mar, incentivó esta tradición dando clases durante un par de meses al año. Esta iniciativa sigue dando fruto. Posteriormente, en 1998, un grupo de encajeras asumió la tarea de formar la Asociación de Encajeras de Malgrat de Mar, que organiza cada año, entre otros actos y exposiciones, el Encuentro de Encajeras de la Fiesta Mayor de Sant Roc.